El Último Aquelarre de Anaga. Relato Antología Cachava y Boina

¡Muy buenas! Después de limpiar  las telarañas del blog he decidido subir el relato que mandé a la Editorial Cerbero para la antología de Cachava y Boina. Me gustaría compartirlo porque la verdad que me da pena dejarlo en un cajón cogiendo polvo :(. Para mí este relato es especial porque es el primero que escribo ambientado en mi isla, Tenerife. Hay pocas historias que utilicen Canarias como escenario y es una pena porque tiene lugares perfectos para ambientar historias de terror. Bueno, sin más dilación aquí tienen el principio de mi relato. Si quieren saber como continua pueden descargárselo en pdf 🙂

Espero que les guste y que disfruten 🙂

El Último Aquelarre de Anaga

La niebla bajaba desde el Bailadero al ritmo de los tambores de piel de cabra. Llegaba a paso lento a la playa: primero lamía la arena negra que se amontonaba al pie del acantilado, después se deslizaba como una serpiente hasta la orilla y, por último, se mezclaba con la espuma de mar formando pequeños remolinos que bailaban al son de los tambores. La niebla y la espuma danzaban entrelazándose, mezclándose como si fueran viejas conocidas –o quizás viejas amantes– que no se veían desde hacía mucho tiempo. La luna llena era la única testigo de su danza y a ella le gritaban las voces consagradas a lo oscuro que aullaban en lo alto del Bailadero. Sus gritos resonaban entre las montañas del Macizo de Anaga, llenando cada rincón de tinieblas. El coro clamaba por cosas que no deberían escapar del dominio de las sombras.

Trece antorchas se encendieron en lo alto del Bailadero. Doce bajaron en fila india siguiendo el camino que había tomado la niebla hasta la playa y una se quedó en lo alto del acantilado. Ninguna se detuvo ni se quedó rezagada. Todas avanzaban al mismo ritmo como si formaran parte de un mismo ser.

Llegaron a la playa y una a una se fueron adentrando en la inmensidad del océano; una a una Iruene vio a las siluetas negras desaparecer en el mar. La piel se le erizó y se abrazó asustada. No estaba segura de qué acaba de pasar, pero había sido testigo de un secreto guardado en lo más profundo de Anaga desde tiempos ya olvidados por el hombre […]

BA-El Último Aquelarre de Anaga

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