#Colectivo Detroit: Sin Rostro

Scary girl

Iba distraída mirando por la ventana. Era el último bus para volver a casa y estaba bastante lleno. El último siempre estaba lleno. Consiguió sentarse en la última fila. Todo el mundo evitaba sentarse al final. Era el sitio más estrecho, y por ello el menos codiciado del bus nocturno, pero –irónicamente­– el único que podía darle algo de privacidad y espacio ­ en un lugar donde el espacio vital se reducía a la piel que cubría su carne.

No solía fijarse mucho en la gente que entraba y salía, prefería perderse en el paisaje vacío y muerto que presentaba la ciudad a esas horas.

El bus comenzó su retahíla de paradas. La suya era una de las últimas así que siempre se quedaba un poco adormilada.

Había perdido la cuenta de cuantas paradas habían hecho, pero ya por fin quedaban pocas para que llegara a casa.

Frenazo, abre puertas, sale gente, sube gente, cierra puertas y vuelta a arrancar. Se sabía la ecuación de memoria y, a esas horas, nada parecía alterarla. Quedaban dos paradas y luego la suya.

El bus se paró y aplicó la ecuación pero antes de que pudiera  completara la última parte, algo chocó contra la ventana. Se sobresaltó, para ella, el ruido había sido muy fuerte, pero solo ella parecía haberlo notado. Miró hacia el suelo de la calle: había alguien hecho un ovillo. Se estaba incorporando y la gente de la parada parecía no verlo. Se puso de pie, estaba de espaldas a la ventana. El autobús cerró las puertas. Ella dejó de mirarlo. De repente, un enorme golpe proveniente de la ventana hizo que se le escapara un grito. Todo el mundo la miró. Ella volvió a mirar a la ventana. La persona de fuera se había dado un cabezazo contra la ventana y una enorme brecha se le había abierto en la frente, la sangre empezaba a bajarle por la barbilla. Un nuevo grito salió de su garganta y el corazón se le congeló. La cara manchada de sangre estaba vacía: no habían ojos, ni nariz, ni boca. No había nada, solo la enorme brecha rompía la piel lisa y blanca manchada ahora de carmesí. Los otros pasajeros comenzaron a mirarla y a murmurar sobre las drogas y la juventud. El autobús completó la ecuación.

Tenía los ojos cerrados con fuerza y no dejaba de murmurar:

– Tranquila, ya queda poco. Una parada más y la próxima ya es casa.

El miedo se le colaba hasta la médula y unos temblores incontrolables gobernaban su cuerpo. El bus volvió a parar. No abrió los ojos, pero eso no impidió que, de nuevo, oyera el golpe en la ventana. Saltó en su asiento y gritó otra vez. Abrió los ojos. La ventana estaba manchada de sangre. El sin rostro había vuelto a golpearse. Su cara vacía ahora era totalmente roja. Ella miró al resto de pasajeros, nadie lo había oído ni visto. El bus arrancó.

Los temblores se hicieron más fuertes y el pulso le retumbaba con fuerza en el cerebro.

– Solo una más y lo que sea que esté pasando acabará ya – murmuraba.

Por fin, su parada. Se bajó corriendo. Como una exhalación, atravesó las dos calles que la separaban de su casa. Sus pasos repiqueteaban nerviosos. Nunca había corrido tan rápido. Subió las escaleras, entró en su piso y se fue directa al baño. Abrió el agua fría y se lavó la cara. Cerró el grifo. Cogió a tientas la toalla de mano y se secó. Suspiró. Estaba recuperando la calma. Un sonido de un goteo rompió su inicio de relajación. Miró el grifo. No goteaba. El ruido del goteo venía de detrás de ella. Miró el espejo. El sin rostro estaba detrás  y un charco de sangre se estaba formando a sus pies. El aullido que salió de sus entrañas le quemó la garganta. De repente, notó algo caliente bajando por su frente. Volvió a mirar al espejo. Una enorme brecha le había salido en la frente y la sangre brotaba a borbotones. El sin rostro se había ido. Ella miraba atónita el espejo: ahora su cara estaba más manchada de sangre. Otro gritó rompió el silencio de la noche: sus rasgos habían comenzado a desdibujarse.

Una voz rota resonó en su cabeza:

– Quiero que seas como yo.

La sangre le llenó la cara. Sus rasgos cada vez eran más difusos. Pronto, todo fue oscuridad.

•••••••

Esta semana os proponemos redactar un texto breve sobre un trayecto. Puede ser un viaje a la otra punta del mundo, o el paseo de casa al trabajo. Puede ser un suceso puntual que hayáis presenciado en el tren o en el autobús, puede ser sobre los desconocidos que os encontráis todos los días en el metro. Puede ser una proyección astral, o un viaje espiritual. 

Sin embargo, esta vez, lo importante es que vuestro texto sea realizado durante un trayecto real. Esta semana el experimento consiste en dejar nuestro escritorio, o nuestra mesa favorita en aquel bar, y ver qué pasa cuando escribimos “sobre ruedas”.

img_0893

En mi caso lo escribí el martes 6 en el D20. El recorrido que hice fue de unos 45 minutos desde Pla de Palau hasta Cardenal Reig (Collblanc). 

Si alguien se sube a un autobús, tren, metro, coche, taxi, etc. y no termina su texto, puede publicarlo inacabado, o añadir un final en casa, que recomendamos marcar en rojo.

Si alguien necesita algún tipo de aclaración más, por favor, no dudéis en contactarnos en colectivodetroit@gmail.com 

Gracias. Y recordad lo que dijo Rodchenko: “Nuestro deber es experimentar”. 

Y ahora las instrucciones. 

  1. Leer el “enunciado” del ejercicio.
  2. 2.Interpretar el “enunciado” del ejercicio libremente.
  3. Escribir lo que te sugiera. Pero subidos en un transporte. 
  4. Publícalo en tu espacio.
  5. Cuéntanoslo para que podamos enlazarte tanto en los comentarios como por las redes sociales.
  6. No olvides usar el hashtag #ColectivoDetroit, y disfrutar la participación al máximo.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s